​En un escenario marcado por la incertidumbre económica y las tensiones políticas que atraviesa el país, Miguel Peralta, secretario general del Centro Empleados de Comercio de General San Martín, plantea una mirada crítica sobre el impacto de las decisiones nacionales en el salario, el empleo y la vida cotidiana de los trabajadores. Su análisis invita a reflexionar sobre la necesidad de recuperar previsibilidad, fortalecer el diálogo social y construir un rumbo que priorice a quienes sostienen la economía real todos los días.

«Nada más alejado de la realidad que tener la soberbia al tope de las creencias; es urgente que quienes gobiernan caminen las calles a pie para volver a entender el pulso del pueblo.»

​Se están colmando los límites de la tolerancia de las y los trabajadores de nuestra Argentina. Ante el escenario actual, cabe formular una pregunta desgarradora pero inevitable: ¿qué le hemos hecho a este Presidente y al séquito de colaboradores que acumula a su alrededor para que actúen con tanta hostilidad y desdén hacia su propio pueblo? Pareciera existir un ensañamiento sistemático contra aquellos que, día a día, sostienen los cimientos productivos y morales de la nación.

​La ejecución del programa de gobierno actual se ha vuelto profundamente abusiva, sustentada en el apriete constante, la presión económica y una total ausencia de explicaciones racionales. Se implementan políticas de espaldas a la sociedad, guiadas por una soberbia ciega que les hace creer que sus decisiones son acertadas, mientras que en el territorio real van apagando de forma agónica la vida y las actividades tradicionales de nuestros pueblos y ciudades.

​Hoy, recorrer tanto el interior profundo como las grandes urbes genera una dolorosa sensación de desolación. Nos enfrentamos a un paisaje inhóspito que, por su vacío y su silencio forzado, emula las secuelas de una catástrofe nuclear. Se está produciendo un vaciamiento del espacio público y del encuentro comunitario; se van perdiendo las ganas y las fuerzas de transitar las calles, de habitar las veredas, las plazas y los parques que antes desbordaban de identidad, comercio local y vida compartida.

​“El líder y su entorno parecen haber olvidado que el poder en una república es siempre un bien prestado, otorgado temporalmente por las urnas, nunca una propiedad privada.”

​¿Qué se creen desde las oficinas blindadas de ese poder central? Olvidan con alarmante frecuencia que el poder es estrictamente prestado, depositado temporalmente en sus manos por el soberano a través del voto. Al primer mandatario de turno parece molestarle o incomodarle que califiquemos a este proceso o a las demandas sociales como algo «popular». Si la palabra incomoda a su doctrina, está bien, llamémoslo entonces por su nombre más institucional y puro: es un voto secreto, democrático y esperanzador. Una esperanza que hoy se siente profundamente traicionada por los resultados de la gestión.

​El líder de turno y su séquito se comportan como si el país fuera una estancia de su propiedad privada o un botín corporativo. No hay nada más peligroso ni más alejado de la realidad que gobernar con la soberbia instalada en el tope de las creencias personales. Para romper de una vez por todas esa burbuja artificial en la que se aíslan, sería un ejercicio de salud republicana que salieran a circular a pie. Que caminen las veredas sin custodias ni vidrios polarizados, que miren de frente los ojos del pueblo trabajador y que sientan el verdadero termómetro de la calle, que es donde se define la verdadera historia de la Patria.

Miguel Angel Ramón Peralta.

Secretario General Centro Empleados de Comercio de Gral  San Martin, Mendoza.

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